LA BRÚIXOLA
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QUÉ ES LA ASTENIA PRIMAVERAL

Desde el pasado 20 de marzo estamos 'oficialmente' en la primavera. Este año le ha costado un poco subir a las temperaturas, pero fue llegar la Semana Santa y ver camisas de manga corta por la calle y playas muy solicitadas. Suben las temperaturas, cambian las horas de luz (ya estamos también en el horario de verano), florecen los almendros, los parques se llenan de vida… y tú, en lugar de sentirte como una batería cargada, te notas extraño y cansado como si hubieses corrido una maratón, con somnolencia, irritabilidad, falta de concentración, cierta bajada del ánimo y con la sensación de que todo cuesta un poco más de lo normal. Bien, si tienes alguno de estos síntomas, bienvenido al club de la astenia primaveral. Y claro, quizás te preguntarás: ¿qué es eso de la astenia primaveral y qué la provoca? De entrada podéis estar tranquilos: no es una enfermedad misteriosa ni una condena estacional. La buena noticia es que se trata de un trastorno pasajero, que normalmente es temporal y tiende a mejorar en unos días o semanas, sin necesidad de tratamiento específico. La mala es que, mientras dura, puede hacer que el día parezca como ir en bici carretera arriba y con el viento en contra.

Por otro lado, no hay una causa concreta que ocasiono este malestar general. Más bien, es una suma de pequeños cambios que, juntos, pueden dejarte un tanto descolocado. Por ejemplo, el cambio de luz y nuestro reloj interno. La primavera tiene más horas de luz, y esto altera el ritmo circadiano, que es el reloj biológico que regula el sueño, la energía, la temperatura corporal y las ganas de comer. Si tu cuerpo estaba funcionando con un horario bastante estable durante el invierno, de repente le cambian el decorado y el guión. El resultado es que puede costarle un poco reajustarse.

También influye el hecho que la primavera es una estación tramposa: hoy hace calorcito, mañana fresquito, después hay ambiente bochornoso con viento, y en el cuarto día volvemos a ir más abrigados. Ese vaivén térmico obliga el cuerpo a regularse constantemente, y esa adaptación consume energía. En personas sensibles, esto se nota como cansancio o sensación de pesadez. Además, también hay que hablar de las alergias y la congestión. Aquí encontramos uno de los sospechosos habituales. La primavera no solo ltrae flores: también lleva polen, y con él, alergias. Aunque no siempre se reconozca como tal, una alergia mal llevada puede provocar fatiga, sueño no reparador, dolor de cabeza, ojos irritados y esa sensación general de estar “apagado”.

En definitiva, la astenia primaveral es, sobre todo, una respuesta de adaptación. El cuerpo sale del modo invierno, entra en modo primavera y, en ese tráfico, puede mostrar un pequeño desorden temporal, que no todos vivimos igual. Es, en el fondo, un recordatorio bastante claro de que el organismo no cambia de estación al mismo ritmo que cambia el calendario. Ahora bien, si el cansancio es muy intenso o dura demasiado tiempo, es recomendable consultar con un profesional.

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