LA BRÚIXOLA
El Blog de l′Oratge

DE DONDE VIENE LA EXPRESIÓN, LLUEVE MÁS QUE CUANDO ENTERRARON A BIGOTES!

El refranero popular, aparte de sabio, es completamente ocurrente y está cargado de expresiones que han ido pasando de generación en generación hasta nuestra época. Concretamente hay una que yo, de bien pequeño, ya escuchaba a mis padres y abuelos cuando llovía con mucha fuerza e intensidad: 'LLUEVE MÁS QUE CUANDO ENTERRARON A BIGOTES'. Pero, ¿quién era ese tal 'Bigotes'? De dónde era? Y más aún... qué pasó cuando lo enterraron, tanta agua cayó?

Por increíble que parezca, es verdad que existió este personaje allá por el 1460 en la localidad extremeña de Zafra (Badajoz). Allí había un castillo feudal donde vivía el famoso D. Mendo Méndez de Peláez (conde de Zafra), más conocido como "Bigotes" porque, como se podrán imaginar, tenía un prominente y desproporcionado 'bigote' que destacaba entre los rasgos de su cara de pocos amigos, un tipo de carácter agrio, muy odiado y temido en la comarca. De hecho, existe una verídica historia que relató Eduardo Montesinos el 11 de agosto de 1897 en la revista 'Nuevo Mundo'. Cuenta Montesinos que un caluroso mes de agosto, se secaron todas las fuentes y pozos de Zafra. Todas, menos la fuente del castillo que provenía de un manantial lejano. El problema es que el 'conde de Zafra' se negaba a dejar que la gente del pueblo bebiera de su fuente «porque el espectáculo de desesperación de los infelices que se acercaban a su castillo para apagar su sed le divertía», según la narración. Un día, una gitana consiguió colarse dentro del castillo y llenó una jarra de agua, pero fue descubierta antes de escapar y la llevaron ante 'Bigotes' como si fuera un criminal. De poco le sirvió que implorara perdón asegurando que su anciana madre estaba muriendo de sed. La gitana fue castigada con siete palos, tantos como los trozos en que se rompió la jarra después de ser lanzada al aire por los centinelas. Cuando la gitana la echaron del castillo, se giró y en tono profético dijo: «Siete trozos, siete!... los días de la semana! Hoy es martes y morirás el martes que viene! Tanta agua tendrás que navegarás sobre ella. Maldito seas!».

Esa noche, D. Mendo no pudo dormir recordando su maldición. Al día siguiente cayó enfermo de fiebre y, después de varios días de agonía, falleció el martes siguiente. Su cuerpo fue colocado «sobre un riquísimo féretro» y expuesto en una sala baja del castillo, pero el cielo «envió tan fuertes lluvias» que, según el relato, en pocas horas el castillo se inundó. «El cadáver del conde, en su caja, que le servía de barco, flotando sobre el agua y siguiendo la corriente, salía por la puerta del castillo en dirección a las laderas de la montaña, donde subiendo y bajando, llegó a la borde de un barranco donde el agua formaba una inmensa cascada y allí desapareció para siempre». También hay otra versión 'granadina' sobre el origen de esta historia, si bien en ambos casos aparece una maldición gitana.