LA BRÚIXOLA
El Blog de l′Oratge

ROGATIVAS PRO-LLUVIA: Solicitando ayuda divina

Cuando el cielo fallaba y las lluvias no aparecían, antiguamente se solía confiar en la ayuda divina para que las cosechas y los cultivos no sufrieran el castigo de la sequía ya que esto era sinónimo de hambre y enfermedades. La solución para este menester, desde hace muchos siglos, fueron las rogativas pro-lluvia (también llamadas 'ad petendam pluviam'). Plegarias o simples oraciones y súplicas que se dirigían al Todopoderoso para propiciar la llegada del líquido elemento. Para realizarlas, los responsables municipales primero debían contrastar la gravedad de la situación (comprobar el nivel de los pozos, caudal de los riegos, etc.) y si la magnitud del problema era crítica, se solicitaba a las autoridades eclesiásticas, normalmente al obispo, esta clase de oraciones y ceremonias que eran más solemnes cuanto mayor era la necesidad de agua y siempre las pagaba el pueblo (ornamentación de calles, aceras, músicos, etc.).

Los días de oración eran días de penitencia y en ellos se guardaba abstinencia y ayuno. Realmente no tuvieron demasiado éxito en su objetivo pero sí como fuente valiosísima para conocer los periodos de sequía de nuestra historia ya que quedaron documentadas y perfectamente registradas en los archivos de los obispados. Por otra parte, con la aparición de los primeros observatorios meteorológicos ya bien avanzado el siglo XIX, comenzó a obtenerse una información más precisa y detallada de los periodos secos. Curiosamente, cuando el cielo era demasiado generoso y las lluvias no cesaban, había otro tipo de rogativas para que pararan, llamadas pro-serenitate (para pedir que "se serenara" el tiempo y remitiera el diluvio) pero estas fueron menos frecuentes.